Luisa Llorente, Silvia Abascal, llega a la finca Valdemar para realizar una tasación exhaustiva de todo lo que pueda haber de valor. La propiedad lleva más de un siglo en claro abandono, y la empresa inmobiliaria que la contrata ya perdió a un tasador anterior en circunstancias que huelen a robo y desfalco. A su llegada, nadie la espera, salvo un jardinero que la guía hacia la casa. En medio de la toma de fotografías y la revisión de documentos, Luisa, sin darse cuenta, capta la presencia de un espíritu a través del lente de su cámara. Sube a un ático abuhardillado que parece cerrado y luego abierto, y el mal olor la lleva a descubrir el cadáver en descomposición conocido como “el Gordo”. En ese instante irrumpe el Engendro, una especie de momia que la ataca implacablemente. Intenta refugiarse dentro de un antiguo baúl, pero su teléfono suena y el Engendro continúa su asedio. Un jardinero la empuja a salir por la leonera, y logra escapar. Ya fuera, el jardinero y su compañero la trasladan a su casa, donde la dejan inconsciente y la encierran en una habitación que parece una antigua cárcel.
Maximilian, Eusebio Poncela, dueño de la inmobiliaria, llama a Nicolás Tremel, Óscar Jaenada, y a la directora de la fundación Valdemar, la doctora Cerviá, Ana Risueño, para que encuentren a Luisa, mientras la madre de Maximilian se inquieta ante la falta de noticias. Los otros dos trabajadores, Santiago y Ana, van también hacia la finca para colaborar en la búsqueda. En el trayecto en tren, Cerviá le explica a Tremel la historia que enciende el misterio de Valdemar y sus sombras.
En el pasado, Lázaro Valdemar, un fotógrafo que comparte cabeza y hogar con Leonor, regentaba un orfanato privado y buscaba dinero fácil a través de una estafa que prometía a gente de alto patrimonio una foto con el espíritu de sus seres queridos fallecidos. Leonor, deseosa de ampliar su familia y adoptar, veía crecer la tentación de ese flujo de ingresos, especialmente cuando los médicos le aconsejaban no quedarse embarazada. Todo se complica cuando un periodista llamado Garbea descubre el truco y decide exponerlo; la noticia gana la primera plana y Lázaro termina detenido. La presión social acelera los giros: una testigo aparece, y la defensa parece imposible hasta que interviene Alister Crowley, quien contrata a una prostituta para manipular las cosas y que Garbea parezca el culpable. Con la maniobra, Lázaro sale libre y la reputación de Garbea queda destruida.
De regreso a casa, Lázaro se entera de que Leonor está embarazada. Al llegar, la mujer está cuidando a los huérfanos junto a una nani, y, tras la emoción de la noticia, sufre un aborto que marcará su vida para siempre. Durante seis meses, Lázaro cuida de ella mientras intentan reconciliarse con la realidad de su familia incompleta. Crowley reaparece y las pruebas, ahora indelebles, muestran que hubo contactos espirituales durante las sesiones, aunque Lázaro estaba tan centrado en sus trucos que no se dio cuenta de ello.
Crowley necesita a alguien con experiencia para abrir un portal al otro mundo durante el eclipse total de luna, el primero de su tipo en 86 años. Ese mismo sábado, Leonor debe acompañar a varios niños a conocer a sus futuros padres adoptivos en la estación de tren, y la tensión se dispara: había confiado en que su marido estuviera a su lado. Beatriz, una condesa sufragista, le había aconsejado que se mantuviera alejada de Crowley, pues era peligroso, pero Lázaro insiste en seguir adelante. Al final, Crowley reúne a los participantes para la sesión espiritista: Bram Stoker, creado por [Lino Braxe], Lizzie Borden, personaje de Lovecraft, Fuchini, un compositor italiano, y Belle Gunnes. El mayordomo Jervás, Paul Naschy, observa con inquietud y duda de lo que están haciendo.
La sesión tiene lugar y Crowley consigue que Belle se quite un crucifijo que cuelga de su cuello. En un pergamino, Crowley ha plasmado todas las peticiones; el pergamino flota y un portal hacia el otro mundo se abre. En medio del caos, una presencia espiritual se cuela en la habitación, el Engendro se desata, mata a uno de los asistentes y se dispara hacia el cementerio cercano, donde se adhiere a un cuerpo. El incendio se desata y la casa arde; Lázaro resulta gravemente herido, y Crowley, junto con los demás, logra escapar, dejando a Jervás y otros criados con la tarea de sacar a Lázaro de la habitación.
Se avisa a Leonor del incendio y ella regresa a la casa, enfrentándose a la escena con los coches de caballos en fuga. Al llegar, el Engendro se comunica con ella de forma mental, mientras los bomberos logran apagar las llamas. En el presente, Luisa despierta en aquella habitación extraña y se da cuenta de que está encerrada. Y así, parece que lo que veíamos no era una única película, sino una miniserie, ya que al final aparece un anticipo de la segunda parte, dejando abierta la historia para lo que vendrá.